Dr. Julio González Iglesias

Muerta la Policlínica, D. Salustiano siguió preocupándose por su criatura favorita El Licor del Polo, «único dentífrico español», dice en El Liberal (1). «Dolores de muelas», advierte en el Diario Oficial de Avisos de Madrid (2); «Superioridad de los dentífricos» (3), en el mismo medio, «Padecimiento de la boca» (4).

Su seguridad era tanta que en el verano de 1878, en los periódicos de Bilbao y de toda España desafió a los autores de dentífricos del mundo entero pidiéndoles que demostraran, si podían, su superioridad frente al Licor del Polo y en caso de ganar les ofrecía una medalla de oro y 2.000 pesetas.

Durante un año mantuvo su reto y según parece nadie recogió el guante. Por eso, en octubre de 1879, en un anuncio publicado en el Diario de avisos de Madrid decía:
«El silencio, temor o espanto de todos los dentífricos a nuestro continuo desafío, durante un año, en todos los periódicos de España y varios del extranjero, corroboran bajo todos los conceptos la superioridad del Licor del Polo de Orive, usado de preferencia a todos los demás dentífricos por los más célebres médicos de los primeras capitales de España…» (5).

Este tipo de desafíos no eran privativos de D. Salustiano.

En 1884 otro dentífrico llamado «Tesoro de la Boca» hizo lo propio y puso un anuncio en la prensa (incluso en el Noticiario bilbaíno) donde decía:
«Si todos los dentifriquistas aceptan el reto para probar que su especialidad supera a «El tesoro de la boca», levanten el dedo, elijan un jurado numeroso, noble, desinteresado y poco accesible y el que triunfe será el único que se anuncie, venda y propague y a los demás prohibírseles su venta por inútiles y perjudiciales» (6).

Proclamaba el «Tesoro» que algunos preparados al pronto producen buenos resultados, pero algún tiempo después destruyen el esmalte o irritan las encías y no evitan la caries.

En su publicidad «El Tesoro» decía que era usado «por las reales personas»(7).

El diario Los Avisos publicó una carta de D. Domingo Velasco-Seco, administrador del Hospital de Beneficiencia de Medina de Ríoseco, en la que daba las gracias al «Tesoro de la Boca» por haberle librado de un dolor de muelas tras haber fracasado en el intento otro licor muy conocido que lo único que hizo fue mancharle la ropa por llevar fuschina (8).

Retrato de D. Salustiano Orive.

Don Salustiano no entró al trapo y ni se dio por aludido, aunque inmediatamente publicó en El Noticiario Bilbaíno un anuncio donde enumeraba algunos de los productos vegetales que integraban su fórmula, a saber: pelitre africano, badiana del Japón, quina de la India, coclearia andaluza y batan americano. Como se ve plantas traídas de todos los continentes (le faltó eucalipto de Australia).

Acabamos este asunto señalando que había varios dentífricos llamados «El tesoro de la boca», uno de ellos era el elixir fabricado por el dentista Dueñas, que se vendía a 10 reales el frasco (9).

D. Victoriano G. Dueñas ejercía en la calle Carretas, 7 y si D. Salustiano, cuando quiso sacarse la famosa muela que cambió su vida, en vez de acudir a la calle de la Montera, hubiera ido a la consulta de Dueñas, éste se la hubiera sacado sin dolor, puesto que desde 1859 aplicaba la electricidad en las extracciones y desde 1869 el protóxido de aroe (fue el primero que lo usó con este fin, en Madrid) (10).

Pero la serendipia (casualidad) ha propiciado el descubrimiento de grandes aportaciones científicas (ley de la gravedad, penicilina, caucho vulcanizado, etc.) y así el dolor movió a D. Salustiano a buscar remedio a los quebrantos de la boca y dio con el Licor del Polo. Cosas de la vida.

Otro dentífrico famoso que también se conocía como «Tesoro de la Boca» era el elixir de Dupont, «el más antiguo y eficaz de todos los dentífricos», según su reclamo, donde también informaba que «sus preciosas cualidades… le habían proporcionado que las señoras francesas lo hubieran bautizado con el gracioso nombre de «El Tesoro de la Boca». (11)

Pero el que sin duda lanzó el desafío fue el «Tesoro de la Boca», que se vendía a 6 reales el frasco en Madrid, en la farmacia de Fernández Izquierdo y en la farmacia de Velázquez, en Medina del Campo.

Ofrecía descuentos a los farmacéuticos del 25 por ciento si llevaban más de 10 frascos y aún más si superaban esa cifra y compraban al por mayor en la farmacia de Velázquez de Medina del Campo.

Afirmaba que era el mejor específico contra el dolor de muelas y enfermedades de la boca y que era el único usado por las reales personas de España».

En 1822 su anuncio en el periódico Los avisos salió junto al del Licor del Polo Orive, eso sí, cuatro veces más pequeño…, pequeño, pero matón (12).

Uno de los recursos propagandísticos de aquellos tiempos (segunda mitad del siglo XIX) consistía en publicar cartas de agradecimiento, testimonios de pacientes satisfechos por curaciones casi milagrosas. Eso lo hacían los médicos, los vendedores de específicos, los dentistas… y también los fabricantes de dentífricos, ya que entonces a los dentífricos, además de limpiar la dentadura se les concedía la propiedad de quitar el dolor de muelas. Naturalmente D. Salustiano, maestro del género, no podía desperdiciar semejante filón y en diversas ocasiones «filtra» esas noticias, cuando no las provoca y paga (hay que ser malpensado, con un hombre tan astuto como Orive).

Así al Noticiero de Bilbao llega una noticia procedente de «La Señera» –periódico editado en Valencia–, donde un admirador del Licor del Polo se lo recomendó a un amigo suyo, «capitán de los vapores de Filipinas», que estaba sufriendo atrozmente de las muelas. Un enjuague con varias gotas del preciado Licor del Polo y el dolor desapareció como por ensalmo. El milagro se publicó además de en el Noticiario de Bilbao en otros periódicos, entre ellos en El Liberal (13).

D. Eduardo Viñerta de Valencia, doctor en Medicina y Cirugía, certificó el 8 de enero de 1881, que siempre había obtenido «buenos resultados» en el Licor del Polo Orive.

Los farmacéuticos demostraron ser buenos aliados y procuraban echar una mano, así D. Calixto Orduna Abadía, doctor en farmacia, con oficina en Cascante, certificaba que desde hacía cuatro años, él y su familia usaban el Licor del Polo y que muchas veces les había calmado instantáneamente los más acerbos dolores de muelas (14).

El 24 de diciembre de 1880 enviaron testimonio de agradecimiento desde Haro D. Liborio Garcampo, farmacéutico; D. Santiago Viquera, del Comercio; Vitoriuous Echevarria, presbítero y capellán; Doctor Felipe Pastor, cirujano dentista. Todos ellos certificaban que habían sentido alivio en sus dolores de dientes usando Licor del Polo y le daban las gracias por los inmensos bienes que a la Humanidad había propiciado dicho Licor. Desde Ríoseco, el licenciado en Farmacia D. Manuel Eusebio Fernández enviaba un justificante que afirmaba haber oído a sus clientes hacer elogios de tan preciado Licor (16). Desde Castellón, el farmacéutico D. Manuel Ferrer confesaba no conocer un remedio secreto que con tanta constancia, durante tanto tiempo y a tanta altura sostuvieron su bien adquirido crédito y fuera cada vez más solicitado y estimado por el público como el Licor del Polo Orive.

Informaba también que había pedido a multitud de usuarios del licor que firmaran una certificación mostrando su agradecimiento por los beneficios recibidos del Licor del Polo. Así lo habían hecho y le mandaba la certificación con numerosos testimonios, «pero si quiere que le mande otros centenares –decía–, lo haré con mucho gusto porque soy amante de la justicia». Le felicitaba y le comunicaba que aunque en su farmacia había otros varios dentífricos, el único que le pedía el público era el Licor del Polo (17).
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En 1881 apareció en El Globo el siguiente testimonio:
Honra altamente el justo renombre del Licor del Polo, el siguiente certificado. Hay un sello que dice: «Farmacia de Monreal, etc., Pamplona.» «Don Nicanor Monreal, licenciado en Farmacia, certifico: que, desde hace diez meses estoy gastando el Licor del Polo de Orive, con el éxito más satisfactorio que puede apetecerse de una especialidad. Asimismo diré en honor de la verdad que desde la niñez venía padeciendo dolores de muelas, los que no conseguí calmarlos no con la esencia de clavillo, láudano, creosota, ni con otros medicamentos recomendados para dicha dolencia, y Dios sabe hasta cuando hubiera padecido, si hace diez meses no habría usado el Licor del Polo de Oriente, específico que en el momento de usarlo me calmó por completo el dolor de muelas, y desde esta fecha sigo usándolo, sin que haya vuelto a sentir la más mínima molestia en la dentadura: esto no solamente lo he observado en mi propia persona, sino en todas las que le han usado, pues cuando vienen a mi farmacia a comprar dicho específico no cesan de hacer los mayores elogios de él, tanto en buenos resultados como por las buenas condiciones que reúne de perfume, así como grato al paladar, como aromático y fresco. Lo dicho anteriormente bastaría para probar que el Licor del Polo de Orive es el mejor calmante que se conoce para el dolor de muelas, así como tampoco le llegan en bondad y seguros resultados como preservativo de la dentadura; y por último, si esto no bastara para probarlo, diré como prueba más evidente que he observado, que la venta de este específico es cada día mayor, todo lo contrario que lo que sucede con otros específicos que al principio se vende mucho, pero después el público se cansa de ellos por ineficacia y caen pronto en el descrédito. Todo esto digo en honor de la verdad, y para satisfacción del señor Orive, acreedor por todos conceptos a la consideración slcial por el bien que ha hecho a la humanidad doliente, al público en general y en participar a este, que gracias al Licor del Polo, se ve libre de los padecimientos de la boca, por lo que le queda agradecido de veras el farmacéutico Nicanor Monreal.»—Pamplona 11 de enero de 1884 (18).

En una farmacia como ésta, en Madrid, hizo sus estudios el futuro creador del Licor del Polo.

Muy interesante es el elogio que del Licor del Polo hace «Madame Antoine et fils», aparecido en El Noticierio de Bilbao y reproducido en 1886 en La Iberia. Madame Antoine, de la que hablé en el libro «Las Primeras mujeres dentistas en España» (19) era una dentista nacida en Lion (Francia) con sede en Madrid, Calle de las Infantas, pero que recorría toda España, acompañada de sus hijos, Rafael, Ramón y Antonio.

Precisamente, el Dr. Londo Llana en su Tesis Doctoral confirma su presencia en la capital vizcaína (20): «Tenemos constancia –dice– de la existencia de una mujer llamada “madame Antoine” al parecer de nacionalidad francesa… actuaba en compañía del profesor Gastaldo».

Pues bien, Madame Antoine se sumaba a los elogios y su opinión es recogida por la prensa:
Merecido elogio.—En El Noticiero, de Bilbao, hemos leído lo siguiente:
«Uno de los más justos elogios, de los muchos que pueden hacerse, del renombrado Licor del Polo de Orive es el siguiente.

La acreditada dentista de Madrid «Madame Antoine et fils.» después de haber practicado en su gabinete de consultas diversas comparaciones de los distintos dentífricos conocidos, sin exceptuar los extranjeros, se ha decidido por el Licor del Polo de nuestro convecino Sr. Orive para aplicarlo en sus operaciones a la numerosa clientela que favorece su estudio. Es una distinción que honra como se merece al popular autor del inimitable dentífrico Licor del Polo (21).
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Pero, ¿qué era el licor del polo?
En el preámbulo a la carta del farmacéutico D. Manuel Ferrer, comentada líneas atras, se dice «No conocemos un remedio secreto, etc.», refiriéndose al Licor del Polo.

Así pues (¡si lo sabrían ellos!) el Licor del Polo, en primer lugar, era uno de tantos específicos secretos cuya composición sólo el autor conocía.

Hacia los años 1860-70, década en que D. Salustiano recibe la inspiración para su taumatúrgico licor se vendían en España remedios milagrosos para múltiples patologías.

Por ejemplo un clérigo inglés llamado Reed anunció un específico contra los zeratones que fue muy criticado por los médicos ingleses que llamaron charlatán al tal Reed (22).

Los había contra el cólera morbo, el reumatismo, la gota, las enfermedades venéreas, los hemorroides, los males de la matriz, para los ojos, la tisis, para las calvas, la sordera, la alferecía…

Ya entonces tales recuerdos secretos estaban prohibidos por el Artículo 16 de las Ordenanzas de Farmacia de 1866.

Sin embargo, no era difícil obtener permiso oficial para vender cualquier preparado y si no se tenía (el permiso) igual daba. Era muy difícil que las autoridades sanitarias prohibieran algo y menos en el campo de la dentistería, en el que los dentífricos se consideraban productos cosméticos.

Ciñéndonos a los elixires, polvos, opiatas, aguas, licores y electuorios de efecto dentífrico entre 1860 y 1870, por ejemplo, se ofrecían al público español unos cuantos.

Un tal Manuel Carenas vendía un remedio milagroso contra las odontalgias y enfermedades de la boca que evitaba las extracciones (23).

Peña, peluquero perfumista que vivía en la calle de la Abadía, vendía polvos, opiatas y elixires para la dentadura (24).

En la calle Carretas se vendían los polvos científicos de tripiana (25). En la farmacia de Escolar se expendían los Polvos Dentífricos Higiénicos, a 4 reales la caja (26).

El Dentífrico Oriental.

El dentífrico de Chantrel se vendía en la botica de la Estrella y calmaba el dolor de muelas (27). En la Perfumería Francesa, de la calle Infantas se ofrecían polvos dentífricos (28).

Se vendían también las «Odontinas» Pelletier, de Rowland y de Rimmel, polvos dentífricos de Cruzel, de Atkinson, de Mantecha, de Piver, de Paul Gage, de Pinaoud, de O’Meara, el Paraguay Roux, Elixires de Botot, de Gellé, de Linster, de Paul Gage, de Rambourg, de Chocou, de Jackson… Practicamente todos procedentes de Francia e Inglaterra. Su precio oscilaba (en 1853) entre los 8 y los 18 reales.

Pero también los dentistas tenían sus elixires, como D. Domingo Muniuzguren, con oficinas en la Carrera de San Gerónimo o el francés Pelletier que vendía la «Odontine elixir dentalgique» (29).

El dentista Pellejero ofrecía su elixir y polvos dentífricos a 6 reales la caja y a 4 reales el frasco en la calle Alcalá, 44. Luego estaban los grandes de siempre, Quiroga, Botot, Dentonina Rigaud, el Coaltar Saponificado, Detham, etc.

Un ejemplo de remedio secreto era el Paraguay Roux, aunque el farmacéutico Roux de París, en 1828 había obtenido una patente de invención.
Se componía de:
• Hojas y flores de la «inulabifronis»: 1 parte (30)
• Flores del spilanthus olrácea: 4 partes (31)
• Raíces del anthemis pyretrum: 1 parte (32)
• Alcohol de 33 grados: 8 partes
(Hacer en infusión durante quince días)

Sin embargo, varios años antes el médico Juan Francisco Bachi, Catedrático de Botánica de Barcelona, estudió los efectos del spilanthus olrácea (berros del pará) en los males de la boca, mezclados en las ensaladas crudas y cuyas hojas tiernas, mascadas, calmaban por encanto toda clase de dolores de dientes y muelas (33).

Había otra composición que era el paraguay con creosota, compuesta de:
• Paraguay Roux: 10 gramos
• Creosota: 4 gramos (Mézclese)
Ambos eran recuerdos muy celebrados como «odontálgicos» y antiescorbúticos.

No obstante, en 1849, D. José León, autor del «Dentista de si mismo» decía. «El Paraguay Roux, que estuvo muy en boga hace unos doce años, contenía un aceite esencial obtenido de los berros de Para (spilonthus oleacea, linn) planta de la familia de las synantherea, tribu de las corymbíferas. Este medicamento secreto en otros tiempos, ha sido explotado por el charlatanismo y su virtud específica contra la odontalgía es una suposición enteramente gratuita. El tiempo le ha hecho justicia (34).

D. Salustiano Orive tenía, pues, mucha competencia y nadie soltaba prenda en cuanto a la composición de sus infalibles remedios. Todos eran los mejores, los más inofensivos, los que no dañaban el esmalte, los que proporcionaban más brillo a los dientes. Pero de la composición poquito. Alguno por snobismo decía que tenía saponina, el Laroe, ya lo hemos dicho, confesaba que contenía quina, pelitre y guayaco.

La Abadía de los Benedictinos, en Francia, donde hacían sus licores y dentífricos.

En este juego de decir algo y no decir nada, el farmacéutico de la calle Ascao, 7, también era un maestro.

Había comenzado aludiendo a que sólo empleaba productos vegetales gracias a sus conocimientos de botánica.

En 1881 ya se atreve a encabezar un anuncio con la pregunta «¿Qué es el Licor del Polo?» y se contesta a sí mismo diciendo que es un «remedio eficacísimo» para calmar en el acto los más furiosos dolores de muelas (35).

En cuanto a la composición se atreve a afirmar que «es de escaso interés a la sociedad» ¡el muy tuno! Pero a continuación para impresionar a la famélica legión añade que «el curioso puede saber que en su composición entran el pelitre africano, la badiana del Japón, la coclearia andaluza, el batan americano y otra multitud de vegetales de distintos puntos del globo mandados recolectar exprofeso para el Licor del Polo» ¡Ahí es nada! «mandados recolectar por todo el mundo»; Orive se presenta como un herborista más grande que Eliano, Plinio y Dioscórides juntos. En realidad eso ya lo había dicho.

En 1891, en otro anuncio aparecido en El Imparcial (y en otros medios) añadía a los dichos la quina loja y calisaya, la genciana, el berro, la ratania, la mirra, la coclearia, la menta… y otros vegetales (36).
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La quina se obtenía de la corteza de unos árboles del género cinchona, de los cuales había muchas veriedades, la quina loja se llamaba así por ser originaria de Loja, comarca del Ecuador, se obtenía de la cinchona macrocolix uritusinga y fue la que curó a la condesa de Chinchón de las fiebres tercianas (dicha condesa trajo la quinina a España y por eso los árboles se llaman cinchona, de Chinchón).

La calisaya se obtenía de la cinchona pubescerus ovata y se consideraba que era la más rica en alcaloides, sobre todo del más importante de todos ellos, la quinina (37).

La genciana es una planta de cuya raíz se obtenía «el amargo de genciana, debido a la materia llamada genciopicrina». Se prescribía en los estados de debilidad, anemia, dispepsia, histerismo, escrofulismo, etc. De ella también se obtenía el azul de genciana, sinónimo de azul de anilina.

Los berros debían ser los de pará, una variedad americana que se usó mucho en el Paraguay Roux, un específico contra el dolor de muelas –como hemos dicho– muy popular en el siglo XIX.

La ratania es una planta del género krameria. La más usada era la ratania del Perú. Ratania oficial, cuya raíz se usaba en la provincia de Huanuco y en Lima para limpiarse los dientes (Tachuhdi dice que los limeños se limpiaban los dientes varias veces al día con dicha raíz y que solían llevarla en el bolsillo). Era astringente y se usaba para detener los flujos sanguíneos.

La mirra es una gomorresina procedente del commiphoru myrra, tiene un olor balsámico y se adhiere a los dientes al masticarla. Se usaba para enjuagatorios y gargarismos.

La coclearia es una planta de la familia de las crucíferas de la cual se conocen 23 especies. La más usada en farmacia era la coclearia oficinalis a la cual se le concedían efectos diuréticos, depurativos y antiescorbúticos. Sus hojas machacadas se empleaban para limpiar los dientes y fortificar las encías (38). Con la planta fresca se preparaban vinos, zumos, infusiones y cervezas antiescorbúticas. También se comía en ensalada. La menta más usada en medicina y farmacia era la piperita aplicada como estimulante, antiespasmódica y anestésica.

En la boca, diluida con agua determinaba una sensación de acritud que dejaba luego un frescor agradable (39).

El pelitre era una raíz que se obtenía de la planta ariacylus pyretrum muy famosa por sus propiedades insecticidas y que desde muy antiguo se empleó para estimular las glándulas salivares y para combatir el dolor de muelas. Estos eran los componentes declarados por su autor del Licor del Polo, aunque añadía: «y otra multitud de vegetales…»

Como se ve no eran pocos, aunque Dioscórides describía en su Perycles Iatrike nada menos que 115 simples procedentes de los reinos vegetal, mineral y animal con actividad terapéutica contra las enfermedades bucodentarias (40).

Hay que reconocer que todos los empleados por el farmacéutico de la calle Ascao tenían reconocidas propiedades contra las muelas de la boca en general y de la dentadura y las encías en particular.

Con todos estos elementos a mano, Don Salustiano se puso a destilar su famoso específico para lo cual, además de conocimientos científicos, había que ser un tanto artista y alquimista. No sólo había que buscar la efectividad terapéutica sino también un olor agradable y un aspecto atractivo, lo cual se conseguía añadiendo lo que se conoce con el nombre de excipientes, esto es, los acompañantes, aromatizantes, perfumes, esencias, colorantes, gustativos, etc.

Y en esto consistió el éxito del autor, en equilibrar y ponderar tantas sustancias para conseguir un producto eficaz y aperitivo.

Entonces había muchos licores de todo tipo, el anodino mineral de Hoffman, el humeante de Livabius, el mercurial de Van Swieten… El Licor del Polo en la boca debía estar a la altura de sus homólogos empleados en otras enfermedades. Y a fe que lo consiguió.

No en vano su apellido Orive es sinónimo de Orifice. Esto es: artífice que trabaja el oro. D. Salustiano Orive, alquimista, logró la transmutación de las plantas en oro porque en su laboratorio (y éste fue su gran secreto) halló la piedra filosofal, el arcano.

Texto elaborado por:
Dr. Julio González Iglesias

Profesor Historia de la Odontología
Universidad Alfonso X El Sabio
Madrid

Dr. Julio González Pérez
Doctor en Odontología. Implantólogo.

Dr. Jorge González Pérez
Profesor de la facultads de Odontología.

Universidad Alfonso X El Sabio. Madrid

Bibliografía
1. «Único dentífrico español», El Liberal, 22 de octubre, 145, 1879:4.

2. «Dolores de muelas», Diario Oficial de Avisos de Madrid, jueves 2 de octubre, 275; 1879:4.

3. «Superioridad en los dentífricos», Diario Oficial de Avisos de Madrid, viernes 9 de octubre, 282; 1879:2.

4. «Padecimientos de la boca», El imparcial, jueves 20 de marzo, 3243; 1879:4.

5. «Higiene de la boca», Diario oficial de avisos de Madrid, jueves 23 de octubre, 295; 1879:4.

6. Olmo, El espectacular desafío de los dentífricos.

7. «Tesoro de la boca», La Época, 9 de enero, 11381, 1884:4.

8. «Avisos terapéuticos prácticos», H. general de la boca. Los Avisos, 30 de noviembre, 33; 1882:538.

9. La Época, 9 de enero, 11381; 1884:4.

10. La Correspondencia Española, viernes 26 de noviembre, 4388; 1869:4.

11. La Época, 5 de febrero, 6196; 1868:4.

12. Los avisos, 30 de noviembre, 33; 1882, p. 543.

13. Noticia, El Liberal, 3 de mayo, n.º 337, 1880:4.

14. El Urumea, San Sebastián. 1881, p. 4.

15. El Liberal, martes 19 de mayo, 866; 1881:4.

16. La Iberia, 15 de febrero, n.º 7451; 1881:3.

17. La Iberia, domingo 20 de febrero, 7456; 1881:4.

18. El Globo, viernes 16 dejunio 2066; 1881:3.

19. González Iglesias, Julio. Las primeras mujeres dentisas en España, ed. Amudenes, Madrid, 2006; p. 121.123.

20. Lando Llona, Salvador, La Odontología en Vizcaya, 1875-1935, tesis doctoral, noviembre 1985; pp. 122-123.

21. La Iberia, martes 30 de marzo, n.º 9554; 1886:3.

22. La correspondencia de España, viernes 13 de enero, 498; 1860:p. 2.

23. Clamor Público, martes 20 de noviembre, 84; 1860:4.

24. La Discusión, jueves 7 de marzo, 1599; 1861:4.

25. El Clamor Público, 21 de febrero de 1860, 4742; 1860:4.

26. El Imparcial, 24 de julio de 1870; p. 4.

27. El Hoy Español, viernes 27 de abril, 2817-1865; p. 4.

28. La Iberia, domingo 12 de marzo de 1865, p. 14.

29. Pelletier, Clamor Público, viernes 27 de enero, 4771; 1860:4.

30. Helenio de dos frutas.

31. Berros del Para.

32. Pelitre

33. Ibid., p. 1.

34. León J. El Dentista de sí mismo. Olivares Editor. 1849.

35. La Época, 23 de noviembre, 10555; 1881; p. 3

36. El Imparcial, 14 de abril, 7591; 1891:4.

37. Chaumenton F. P., Flore Medicale, Panckoucke, París, 1815:288.

38. Chaumenton, F. P., Flore Medicinale/Vol. III, Panckocke, París, 1815:57.

39. Ibid., p. 233.

40. González Iglesias, J. Historia de la Odontoestomatología. Ed. Avances, 1994; p.162 y ss.