Los gestos del auditorio no dejan lugar a dudas: lo pasaron bien

La conferenciante invitada por el COEM para cerrar su Ciclo Científico llegó con bastantes minutos de anticipación. Gracias a su sencillez y su carisma, Carmen Posadas se metió al auditorio en el bolsillo, a pesar de que su intervención tuvo poco que ver con la odontología y mucho más con la literatura, aderezada con sus propios recuerdos y emociones.

Los sesenta minutos que dedicó a dialogar con los asistentes pasaron volando y, pese a su confesada timidez, la ganadora del Premio Planeta en 1998, parecía sentirse cómoda entre dentistas. Seguro que esta experiencia le ayudará a vencer la leve aprensión que arrastra desde su adolescencia hacia estos profesionales de la salud.

El jueves 17 de junio tuvo lugar la clausura del Ciclo Científico 2009-2010 del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de la 1.ª Región. La escritora uruguaya Carmen Posadas fue la encargada de poner el broche de oro con una intervención-diálogo moderada por el doctor José Santos Carrillo y en la que algunos asistentes pudieron formular preguntas a la conferenciante.

La cinta roja, su última novela, contiene referencias odontológicas. Se trata de una semblanza de Teresa Cabarrús, personaje que desempeñó un gran papel en la Revolución Francesa como espía española, hasta el punto de, según Carmen Posadas, propiciar la caída de Robespierre. Posadas ha querido, con esta novela histórica, reivindicar la importancia de esta mujer española tan poco conocida en nuestro país.

Para relatar el ambiente de aquellos días, la escritora utiliza un recurso propio que le permite hacer más amenas las narraciones biográficas y que consiste en prestar tanta o más atención que a la historia a las “pequeñas historias”, es decir, las anécdotas, los detalles, “pues son lo que mejor retrata una época”.

Entre estas anécdotas, Posadas hizo referencia a la mujer de Napoleón, Josefina de Beauharnais, considerada una gran seductora y que, sin embargo, “no tenía dientes”. Este hecho que tanto nos sorprende hoy era algo habitual en aquella época, donde un gran número de personas que superaban la treintena estaban desdentados.

La culpa del deterioro dental que, desde joven, padeció la consorte del conquistador francés podría achacarse a su afición por los chocolates.

En La cinta roja se refleja el encuentro entre estas dos mujeres, la Cabarrús y la De Beauharnais, en prisión, pues ambas estuvieron a punto de ser guillotinadas. Las dos seductoras intercambiarían secretos de belleza y, de nuevo según Carmen de Posadas, uno de los trucos que le enseñó Teresa a Josefina fue a sonreír con una especie de “sonrisa de Gioconda”, es decir, de una manera enigmática y sin mostrar los dientes.

Ya casada con Napoleón, Josefina se enteró de que la reina española María Luisa de Parma poseía una dentadura que le había realizado un artesano de Medina de Rioseco. Ni corta ni perezosa, la francesa encargó una para ella y quedó decepcionada al descubrir que el deseado artefacto “sólo servía para masticar y no para presumir”, a causa de unos muelles que mantenían a la usuaria permanentemente boquiabierta cuando no ejercía presión sobre los mismos.

Experiencias personales con el dentista
Carmen Posadas confesó que ella misma tuvo una mala salud dental de adolescente, con demasiadas caries. Su madre le hacía masticar cáscaras de huevo, un remedio entre casero y supersticioso que no le sirvió de mucho.

En 1972, su padre, diplomático de profesión, estuvo destinado en Rusia (entonces principal república de la URSS). Nada más llegar, seguramente a consecuencia del frío, toda la familia se vio aquejada de un fuerte dolor dental. En concreto, una amiga de su hermana Mercedes tuvo que acudir al dentista a arreglarse varias caries. Más tarde, ya en España, sufriría malestar, fiebre e incluso vómitos, para descubrir que el facultativo ruso le había puesto arsénico en las piezas dañadas.

La “no tan bella” Otero
Si bien es cierto que, como apuntó el doctor Carrillo, la mítica hermosura de la Bella Otero no era tal, ya que incluso padecía de parodontosis y tenía los dientes separados, con diastemas, la autora de su biografía considera que fue una mujer con un atractivo que emanaba de su gran fuerza interior.

Este libro lo escribió tras una conversación con Vázquez Montalban, ganador también del Premio Planeta, quien le advirtió que, tras ganar este codiciado premio, tanto los lectores como la crítica solían cobrarse una venganza con el galardonado, haciendo que su siguiente libro fuera muy censurado.
“Se me ocurrió que, escribiendo una biografía, las críticas se repartirían entre el personaje y yo”. Se dedicó así a seguir los pasos de la Bella Otero, personaje al que está muy agradecida, pues, entre otras cosas, le curó del miedo a envejecer.
“Tenía una fuerza muy especial. Hay una frase que se dijo de Lola Flores y que le encaja muy bien: No sabe cantar, no sabe bailar, ¡no se la pierdan!”.

Carmen Posadas no se considera feminista, si acaso “postfeminista”. La gran revolución del siglo XX, en su opinión, ha sido la píldora anticonceptiva, pues consiguió sacar a las mujeres del hogar y permitió que se incorporaran al mundo laboral equiparándose a los hombres. Pero “hombres y mujeres no somos iguales”, ni tampoco es cierto que las mujeres sean “más inteligentes y más sensibles”; cada uno de los sexos tiene características propias y no hay que menospreciar el poder de la femineidad: “las mujeres, que no tenemos fuerza física, hemos desarrollado otras artes; por ejemplo, en vez de superar los obstáculos, los rodeamos”.

Cuando uno de los asistentes le pidió un ejemplo de esa actitud femenina, Posadas sonrió y contestó: “lograr que los hombres hagan lo que queremos, haciéndoles creer que hacen lo que quieren”.