Querido compañero:
Hace tiempo (con y sin dientes de por medio) abogo por la reestructuración de nuestros hábitos de consumo, a favor de un equilibrio medioambiental del que cada vez nos alejamos más. Sistemáticamente, desde que tengo conciencia de ello, hemos talado casi todo nuestro entorno, acabado con la vida salvaje, roturado o asfaltado cualquier atisbo de terreno aprovechable, y otras muchas acciones, con el único fin de conseguir lo que se supone que conocemos como “sociedad del bienestar”, muy lejos ya de la dura lucha por la supervivencia que llevaron nuestros abuelos hasta hace aproximadamente un siglo.

En esta situación, hemos entrado ya de lleno en la “sociedad intoxicada”. Nuestro modo de vida, tanto material como emocional, está completamente abotargado de productos, actividades, egolatría… y tantos otros fenómenos que, aunque tengan sus raíces históricas, a la escala actual causan tan grave daño enderredor nuestro que a buen seguro pagaremos por ello. Peor aún, lo pagarán tus, mis, hijos o nietos. ¿Te parece buena herencia o recuerdo? Medítalo.

En esta línea, en Navarra hemos adoptado como imagen corporativa la ecología. No como logotipo comercial de empresa, sino que hemos procurado que la conciencia sostenible impregne al propio profesional (a TU dentista, recuerda) y a todo nuestro personal auxiliar. Es muy fácil. En vez de hablar del tiempo, hablamos de ecología. Rápidamente, lo podrás comprobar en persona, el paciente sonríe, nos ponemos todo el mundo de acuerdo, expresamos nuestro deseo de mejorar y removemos la costra más profunda de nuestra conciencia. Maravilloso ejercicio, tanto en el ámbito material como el espiritual, pruébalo.

Es cierto que no acometemos medidas concretas, con criterios de ingeniería medioambiental. Tampoco creo que sea un gesto decisivo a la hora de salvar al planeta (la vida es casi imposible de eliminar – y matizo el casi – pero somos los causantes de la actual extinción en masa de especies, con el consiguiente terremoto de los nichos ecológicos, que a buen seguro también pagaremos) pero en este caso, aunque personalmente mantengo posturas algo extremistas (para desgracia de mi familia), considero un logro importante extender este concepto en todos nuestros actos. Quien se lo quiera montar ahorrando agua (un dentista o mejor todo un colegio) pues que regale pegatas para poner en el lavabo; quien papel, que incorpore a su papelería un símbolo de papel reciclado; el que por la energía, pues lo mismo: bombillas de bajo consumo, reducir calefacción o aire acondicionado… Es un traje que cualquiera puede hacerse a medida. Lentamente, los hábitos saludables irán saliendo, no hay otra alternativa. Empieza tú solo, los gobiernos son demasiado cobardes para decir NO. Es una palabra a la que debemos acostumbrarnos. No hay gasolina, ni madera, ni medicinas gratis para todos, la austeridad, la autolimitación, tiene que entrar en nuestras vidas.

Y he hablado de saludables, recuerda. ¿De verdad piensas que estamos mejor en un mundo contaminado, sobresaturado de tóxicos, alimentándonos con porquerías y queriendo tener todavía más y más? Acércate a las terapias holísticas, por otra parte con un gran potencial de futuro, y verás que no sólo tú influyes en el mundo, sino que tu entorno influye en ti mucho más de lo que piensas. A mí me gusta la kinesiología, que creo de las más completas, pero todas pueden aportarte algo.

Como profesionales con un negocio abierto, buscamos afanosamente que el público se acerque a nosotros. Y hablar de ecología es mucho más agradable que hablar de lo que cuesta el empaste, y de que le vamos a pinchar, cortar (aunque gracias a Dios, practico una sólida odontología preventiva que mis pacientes agradecen). Si el paciente sale por la puerta hablando de ecología, saldrá con una sonrisa, y será de lo primero que hablará con quien se encuentre. Si sale pensando en el presupuesto… buscará otro más barato, probablemente. Tú mismo.

Y a propósito de baratos: En cuanto hablamos de ecología, sale la amalgama y el mercurio, de eso que aún practican en los dentistas generalmente baratos (y más en las franquicias, a quien Dios confunda, que te calzan cuatro seguidas en un ratico, todas por supuesto inventadas). Afortunadamente es un problema a extinguir, casi nadie las pone ya, incluso en las propias facultades los profesores las enseñan porque figuran en el programa pero recomiendan olvidarse a continuación. Todavía hay quien hace maravillas con ellas (yo he puesto miles) pero te aconsejo abandonarlas, y asumir que es un producto aún legal, que nos ha prestado grandísimos servicios, pero que debemos acotar, afortunadamente con poco esfuerzo. Tampoco te creas que los composites son inocuos, de siempre he dicho que el mejor empaste es el que no hace falta.

En fin, qué más te puedo decir. Te lo sabes todo, hay profetas por todas partes, sólo tienes que buscar uno que creas justo y hacerle caso. Mucho o poco, pero, por tu propio bien, empieza ya mismo.
¡Gracias!

Dr. Manuel Peleato Sánchez

1 COMENTARIO

  1. Magnifico post. La verdad es que me ha sorprendido cómo conectas la Odontología con la ecología. En cualquier caso creo se trata en el fondo de una ecoética o simplemente ser conscientes de la realidad en que vivimos, así como responsables con nuestra forma de consumir (apoyar empresarialmente, en definitiva).

    Por otra parte me gustaría acceder al listado de dentistas certificados para quitar de forma segura las amalgamas de mercurio. Muchos te lo agradeceríamos.
    Muchas gracias. Un abrazo y mucha suerte