Ante la imposibilidad de conseguir un dentista que atendiera pacientes de la seguridad social, Ian Boynton, un desempleado de 42 años, veterano de Irak, optó por arrancarse los dientes que le ocasionaban intensos dolores.

Boynton, quien llevaba sin revisarse la dentadura desde 2003, cuando estaba en el ejército, y sin visitar a un dentista privado desde 2001, comenzó a sufrir un fuerte dolor de dientes hace tres años. Según sus propias palabras, “durante ocho años he tratado de que me atendieran hasta 30 dentistas, pero ninguno recibía pacientes de la seguridad social”.

Su situación económica empeoró en 2003, cuando un accidente le alejó del ejército.

En Irak sirvió como enfermero, pero seis meses después de abandonar el ejército tuvo un accidente que agravó una antigua lesión de espalda.

Al final, el dolor era tan insoportable que tomó la decisión de usar un alicate para acabar con el problema. Comenzó por arrancarse los dientes frontales, los que más molestias le causaban. Para su sorpresa, reconoció, “no duele tanto como cabría imaginar”.

En los dos últimos años se ha extirpado hasta 13 piezas dentales, entre incisivos, caninos y molares. En la actualidad sólo le quedan dos dientes en la arcada superior, por lo que tiene grandes dificultades para comer y busca desesperadamente un dentista pues, aunque ya no padece dolor, necesita una prótesis y ésta no puede hacérsela él mismo.